miércoles, 28 de agosto de 2013

PAGAR EL CRÉDITO

Estoy en una etapa de mi vida en la que me toca pagar el crédito que pedí, forzada, hace ya muchos años. Me toca sufrir lo que antes no, llenarme de ira, miedo y rencor; es el momento de saldar esta cuenta, que cada día pesa más, para lograr avanzar. Hace una década mi subconsciente, de entre todas las opciones, optó por el olvido para combatir la agonía que eran esos fines de semana, el trauma que vivía; pero no sabía que era este un trato peligroso y que, a la larga, me dañaría si no pedía ayuda. Me toca ahora desencriptar esas pesadillas que retienen a mi pasado, tan hondo y tan lejos que me cuesta horrores llegar a ellas, y no digamos ya, derribar esas barreras y vencerlas. Pero nada es imposible, lo mío es mío, mi vida me pertenece y a pesar de no gustarme, de desear cambiarla con cada respiración que doy, de querer dejar pasar esta ocasión de pago para enfrentarla más tarde, lo intentaré. Quiero que esta sensación que me invita a meterme en cama y apretar fuertemente la almohada para ahogar mis gritos, que me descoloca y apesadumbra, que me presiona para olvidar mis valores y clamar venganza, se vayan. Espero, después de una década, poder vivir sin vergüenza y miedo, sin los traumas que me ocasionó, sin ser una muñeca usada, un vaso manchado que ya nadie utiliza. No me lo merezco, no tuve la culpa, no fui yo, fue él; y ahora puedo afirmarlo. Nunca es culpable la víctima, jamás ésta debe ser condenada. Y esto empieza por no ignorar los sucesos acaecidos y creer que el tiempo curará los daños, porque esto no funciona así, quien me diera a mí. Nadie me devolverá la inocencia que me arrebataron, ningún juez contará las lágrimas que brotaron de mis ojos, ni las noches en vela, ni mis miedos y temores. El daño está hecho y muy bien, por cierto; quería hacer daño con sus acciones, y aún lo hace, pero le pondré fin. No veré más su rostro en sueños, ni me desvelaré con recuerdos olvidados que reaparecen. Pondré punto y final a esta condena.