martes, 18 de junio de 2013

MEDITACIÓN

Necesito un confidente, de esos que saben escuchar y dar las palabras justas. Necesito a alguien que sepa de mí sin juzgar, sin emitir opinión, sin valorar.
Cuando la ansiedad me invade y no logro pararla, cuando los nervios imperan en mi cuerpo y no obedecen mis órdenes, cuando me siento mal y no se el motivo, cuando a mi alrededor hay oscuridad a pesar de sentir en mi rostro los rayos del sol, en eses momentos, lo necesito.
A alguien que coja el móvil así sean las 4 de la mañana, que no haga preguntas incómodas y me haga sentir tranquila, a alguien relajado e impasible a la vez que activo y enérgico, claro y transparente.
Porque en medio del torbellino en el que me encuentro, en el que no se si reír o llorar, si confiar o temer, si bajar las protecciones o mantenerlas necesito un ancla a la que asirme, que me sirva de contacto con la realidad, que me ayude a flotar en este mar plagado de tiburones.
Un alma blanca y brillante que me invite a respirar y pararme de vez en cuando. Un ser corpóreo que cumpla las funciones de la escritura y la pintura, que sea como evadirme leyendo un buen libro o mezclando colores en mi paleta, que sea como coger un lápiz y dejarme fluir.
Porque dicen que detrás de una tormenta llega la calma, pero eso aun lo tengo que comprobar, de momento estoy en el ojo del huracán, todo a mi alrededor gira y pronto lo haré yo, si no consigo un pilar fuertemente clavado en la tierra que me sostenga.
Tengo una soga al cuello y un puñal en mi pecho, miedo y pasión a partes iguales invaden mi cuerpo; intento ser agua y dejarme ir, como el río, pero hechos terrenales me lo impiden: me ponen muy difícil el tránsito por este lugar, lejos del peligro que me acecha, espectante.
Aquí sentada en mi mullida y negra alfombra aprendo a respirar mirando la llama de una vela y sintiendo el olor del incienso que quemo a mi lado, inspiro y expiro contando hasta cinco entre soltar y cojer, dejando ir los malos pensamientos y sensaciones, poniendo en calma la tempestad que poseo a la vez que suelto el aire ya sin oxígeno; así una y otra vez.
Y cuando la noche se acerca, el sol se oculta y yo ya tengo frío me levando y me estiro, y a la vez comprendo que no tengo mejor amigo que mi misma, que no puedo buscar el sustento fuera de mi corporeidad, que ya lo poseo y solo tengo que encontralo.

ALUCINACIONES

Pasa el tiempo y esta incansable búsqueda continúa.
Viajo en el último vagón de este perdido convoy, miro el paisaje que me rodea y su nihilista realidad. Estoy sentada en un viejo asiento de madera apolillado y quejumbroso, hay otros tres en mejores condiciones que este, pero me es imposible acercarme a ellos; paredes de de hierro recubierto de óxido me rodean y aprisionan, haciéndome de barrera con el tan deseado, o no, mundo exterior.
Tengo heridas profundas e infectadas por todos lados de intentar romper estas paredes y no lograrlo; deseo huir y no lo logro. El aire rancio y pesado me asfixia y causa en mi terroríficas alucinaciones de las que no me evado y que me hieren en lo más profundo.
Me duele dentro, en lo más hondo, y es una sensación tan aguda que me hace llegar al clímax de la parte inversa al placer, ya rozándolo, cual sádica dominatriz inculcando disciplina a su sirviente mascota.
Noto ya placer en el dolor, me gusta sentir esta agonía, esta falta de vida, este suicidio lento; es orgásmico, lujurioso: es el servir de una geisha, la primera noche de una doncella, el harén repleto de oro y piedras preciosas aunque usadas, lo es todo.
Me divierto en la confusión causada por los gases nocivos, en la podredumbre de mis compañeros de viaje; río con las bromas de mi yo exterior, con la careta de felicidad que cubre su rostro, con lo brillante y ameno; disfruto de las situaciones extenuantes que surcan el camino, de los viajeros que transitan por la estación, de los ya conocidos y anónimos aun.
Vivo al día y sin complicaciones, o creo vivir y sentir y reír.
Porque aquí encerrada en mi yo me encuentro, aquí cegada y sorda, aquí sola y a oscuras; y nadie viene a rescatarme porque no hay camino posible, porque me encuentro en un plano paralelo al resto, en el que ya no hay puerta de entrada pues se cerro cuando yo, buscando una salida, irónicamente entré.
Y desde este asiento veo por el empolvado cristal moverse, incesante e insidiosamente, las manecillas de un reloj sin pila ni cuerda, pero no noto el mí el cambio de presente ni el paso del pasado. Estoy presa y con la llave en un paraje olvidado.
Mi yo corpóreo pide ayuda y no la obtiene y se cansa y sufre y llora, ya lejos de alucinógenas sustancias.

lunes, 17 de junio de 2013

AGRADECIDA

Querido lector:

Te doy las gracias por haberme ayudado inconscientemente.
En estos días he hecho cosas que nunca creí ser capaz de hacerlas, he experimentado y arriesgado, me he superado a mi misma. Por unas horas dejé mis miedos a un lado, mis temores bajo llave, mi pánico en casa y me lancé  a la aventura.
Al principio fue difícil, por un momento pensé en decir "no" e irme pero no era lo que yo realmente deseaba. Yo quería hacerlo, quería probar y verme. Y lo hice.
Estoy muy orgullosa de mi misma, estoy gratamente sorprendida con el resultado que no son solo unas simples fotos, es mucho más que eso.
Es el hecho de que pude sobre ponerme a mi pasado, le di una patada y huí de él; puede ver que hay gente buena en el mundo, que no todos los hombres son iguales, que a veces puedo bajar las barreras que tengo a mi alrededor y vivir. Que no siempre tengo que temer, que a veces, si logro estar calmada puedo hacer lo que deseo sin que mis acciones estén influenciadas por nada pasado.
Y no creas que no me cuesta escribir esto, porque sí. Para lograr entender lo que me pasaba por la cabeza hicieron falta unos cuantos días y mucha meditación; logré ver que tuve que darme un voto de confianza, dártelo también a ti aunque no lo supieses, para dar este gran paso.
 Y una vez en esta orilla del río, vi que la corriente no era tan fuerte como para arrastrarme, que los cocodrilos que franqueaban la orilla eran de juguete y que lo que suponía un infierno no era más que un espejismo causado por la necesidad.
Por todo esto, querido lector, muchísimas gracias. Que a pesar de que no eras consciente de que tú eras el río, lo hiciste muy bien; lo hicimos muy bien.
Un saludo y hasta otra.