martes, 18 de junio de 2013

ALUCINACIONES

Pasa el tiempo y esta incansable búsqueda continúa.
Viajo en el último vagón de este perdido convoy, miro el paisaje que me rodea y su nihilista realidad. Estoy sentada en un viejo asiento de madera apolillado y quejumbroso, hay otros tres en mejores condiciones que este, pero me es imposible acercarme a ellos; paredes de de hierro recubierto de óxido me rodean y aprisionan, haciéndome de barrera con el tan deseado, o no, mundo exterior.
Tengo heridas profundas e infectadas por todos lados de intentar romper estas paredes y no lograrlo; deseo huir y no lo logro. El aire rancio y pesado me asfixia y causa en mi terroríficas alucinaciones de las que no me evado y que me hieren en lo más profundo.
Me duele dentro, en lo más hondo, y es una sensación tan aguda que me hace llegar al clímax de la parte inversa al placer, ya rozándolo, cual sádica dominatriz inculcando disciplina a su sirviente mascota.
Noto ya placer en el dolor, me gusta sentir esta agonía, esta falta de vida, este suicidio lento; es orgásmico, lujurioso: es el servir de una geisha, la primera noche de una doncella, el harén repleto de oro y piedras preciosas aunque usadas, lo es todo.
Me divierto en la confusión causada por los gases nocivos, en la podredumbre de mis compañeros de viaje; río con las bromas de mi yo exterior, con la careta de felicidad que cubre su rostro, con lo brillante y ameno; disfruto de las situaciones extenuantes que surcan el camino, de los viajeros que transitan por la estación, de los ya conocidos y anónimos aun.
Vivo al día y sin complicaciones, o creo vivir y sentir y reír.
Porque aquí encerrada en mi yo me encuentro, aquí cegada y sorda, aquí sola y a oscuras; y nadie viene a rescatarme porque no hay camino posible, porque me encuentro en un plano paralelo al resto, en el que ya no hay puerta de entrada pues se cerro cuando yo, buscando una salida, irónicamente entré.
Y desde este asiento veo por el empolvado cristal moverse, incesante e insidiosamente, las manecillas de un reloj sin pila ni cuerda, pero no noto el mí el cambio de presente ni el paso del pasado. Estoy presa y con la llave en un paraje olvidado.
Mi yo corpóreo pide ayuda y no la obtiene y se cansa y sufre y llora, ya lejos de alucinógenas sustancias.

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