viernes, 13 de septiembre de 2019
SOY CARIÑOSA
He aprendido a agradecer lo que me dan, aunque sea mínimo, a cogerlo y vivirlo sabiendo que es, o puede ser, finito. A no exigir sabiendo que el cariño suplicado no significa nada, y los celos sólo corrompen. He aprendido que el amor no tiene tope, que puedes querer a más de una persona de forma plena y absoluta sin mermar ni un ápice lo que sientes por otras (no sólo me refiero al ámbito romántico) y que el pilar fundamental de cualquier relación humana sana es la confianza, que es en lo que debería basarse y apoyarse todo lo demás.
lunes, 19 de agosto de 2019
PERDIDA (con preguntas)
jueves, 8 de agosto de 2019
PAREJAS Y RELACIONES (parte I)
martes, 23 de julio de 2019
MIMOS
No era mi primera vez pero sí la que más cerca estuve de lograr mi objetivo, me salvaron mi preocupación por Chispa y mis amigos, a quienes pregunté mientras me tomaba pastillas con zumo de mango si cuidarían de ella de pasarme algo. Y fueron Flash yendo hacia mi casa.
Llevo autolesionándome de diferentes maneras desde antes de los 12 años: cortes, quemaduras, conductas de riesgo (obligarme a practicar sexo, drogas...), anorexia... que aun ahora me sobrevuelan periódicamente.
A veces me pregunto cómo sería y dónde estaría si hubiese seguido drogándome y acostándome con desconocidos, hubiese continuado yéndome con hombres para sentir que no tenía el control , recrearme en el miedo y asco que me daba(n). O qué habría ocurrido de haber hablado, de haber contado lo que me había hecho mi padre y sus amigos, de no haberme callado...qué habría ocurrido si hubiese denunciado a todos los hombres que se acostaron conmigo siendo una niña.
No estaría donde estoy ahora, eso seguro.
Hay miedos, fobias y ascos que siempre estarán conmigo, sobre todo a nivel sexual. Actos cuya práctica me duele y no físicamente, situaciones que me provocan llorar y momentos en los que me bloqueo, me evado y no estoy presente. Soy consciente de ellos, los conozco y soy capaz de evitarlos la mayor parte de las veces (por lo menos cuando estoy bien anímicamente) pero me supone un esfuerzo extra que no siempre sé si vale la pena.
Hay días en los que necesito sentirme querida, apreciada, ser mimada pero sin connotaciones sexuales, sin que los mimos acaben en sexo, sin pagarlos así. Y no sé hacerlo. No sé cómo pedir o llevar a cabo la acción de "mimear", cómo decirle a alguien "oye, quieres venir a casa, nos tiramos en cama a ver una peli y estamos abrazados" ni si es algo normal desear eso. Cómo pedirle a alguien que me deje tocarle la cabeza mientras me apoyo en su hombro, cómo quedarme dormida escuchando los latidos de su corazón y despertarme con el pijama aun puesto.
martes, 9 de julio de 2019
PLANAZO
Dibujar en la piel patrones aleatorios mientras acompasamos las respiraciones, con nuestras cabezas pegadas y la vista perdida en el humo ascendente del incienso. Respirar.
Hablar en bajito, contarnos anécdotas graciosas para romper el hielo y que todo fluya. Cambiarme de posición con mi cabeza apoyada en tus muslos y tu mano acercándose con un peta compartido. Empezar a hablar de sueños, miedos y deseos, de qué nos ha pasado, cómo hemos llegado a donde estamos y cómo nos sentimos. Reír y llorar de ser necesario. Frutas en trocitos y té para acompañar.
Quedarnos dormid_s.
Despertarnos por el calor, quitarnos ropa para estar a gusto y hacernos otro peta. Poner algo en la tele, de fondo, como para notar que no estamos sol_s. Y pensar en cocinar: patatas fritas con huevos fritos suena demasiado bien. Comer en silencio.
Fregar los platos, hablar de sexo y why not? Dejarnos llevar.
miércoles, 29 de mayo de 2019
UN MES
Disocio 24/7, me olvido de comer o de si he comido, me tengo que obligar a ducharme, a ir al trabajo... los días pasan uno tras otro todos iguales; las horas, los minutos se hacen eternos. Me cuesta concentrarme y mantener el hilo de las pocas conversaciones que tengo, si pienso demasiado lloro y tengo ataques de ansiedad así que duermo, o lo intento. Estoy en ese limbo en el que parece que nada me afecta, que estoy bien y tranquila pero mi guerra interna empeora por momentos. Me pasaría el día tirada en cama fumando, bebiendo y cortándome hasta dejar de sentir pero no lo hago. Celebro poder aguantar mis impulsos y no hacerme más daño. No está siendo fácil.
Si tuviese que contar cuales son mis tres miedos principales, cosas o circunstancias que me dan pánico tendría que decir que dos de ellas han sucedido este mes y la tercera pasará este viernes. Y nada está bien. No tener a nadie que me transmita una mínima confianza y empatía para contárselas haciendo la carga más llevadera me mata, haber pasado por ello sóla me pasa factura. Estoy al límite. Necesito hablar con alguien que no juzgue, que no me pueda encerrar si no me ve apta para cuidar de mí misma, que me ayude a sobrellevar la carga; necesito soltar todo lo que tengo dentro.
martes, 7 de mayo de 2019
PLANES
jueves, 21 de marzo de 2019
UN AÑO
Y aquí estoy 365 días después, sentada en el suelo de mi habitación, con una cita programada en dos meses en psiquiatría, intentado descifrar qué detonantes tienen mis bajones actuales, pensando en que tengo que hacerle las curas a los nuevos cortes antes de vestirme y sin entender cuándo todo se desmoronó a mí alrededor y porqué no me enteré.
Lo único que tengo claro es que hay una diferencia principal en la forma y sentimiento posterior a llevarlo a cabo. Era un ritual, seguía unos pasos y después me sentía tranquila. Era un anestésico que me permitía sentir el resto del tiempo, que me ayudaba a no caer en la desesperación y angustia al verlo todo negro. Aunque también era inconsciente, irracional, rabioso e impetuoso, no buscaba activamente matarme pero tampoco lo evitaba. Ahora es desorganizado, sólo lo hago por placer y después no siento nada más que indiferencia. No me importan, no pienso en ello tras hacerlo y sí antes de hacerlo. Soy totalmente consciente de qué hago, cómo lo hago y sé que podría parar pero no quiero. Me gusta ver mi cuerpo salpicado de cortes a medio curar, postillas que si arranco sangran, me gusta verme tan mal como me siento por dentro.
Parece que me quiero, que me gusto, que me tengo aprecio y cariño, que mi autoestima está en un nivel optimo y que físicamente no me quejo de mi cuerpo. Fingir en redes sociales es demasiado sencillo. Lucho cada día para salir de casa, para no ponerme una camiseta tres tallas más de lo que necesito y unos pantalones que me oculten y camuflen mi forma; me obligo a usar ropa que me "favorece", aunque vaya incómoda con ella, con la intención de integrar en algún momento que no soy tal y como me veo cuando me miro en un espejo, que mi visión está distorsionada. Soy consciente de la distorsión con la autoimagen que tengo.
Me cuesta ver cosas positivas en mí, no tanto a nivel imagen sino como persona, como ser humano y no es sólo que me cueste, es que me resulta imposible ver más que las cosas negativas.
Supongo que será eso en lo que tengo que trabajar.
miércoles, 13 de marzo de 2019
OTRA VEZ
Y lo he vuelto a hacer.
Podría excusarme de mil maneras, afirmar con vehemencia que me hace sentir bien, que gracias a ello estoy mejor, que es una liberación y un analgésico. La luz. Pero no. Ya no funciona el mentirme a mí misma, el intentar convencerme de que todo va bien, de que funciona, porque no es así.
Sólo lo hice por sentir algo más que dolor mental, porque me gusta y gratifica ver pequeños ríos de sangre recorriendo mi piel enrojecida, pero no hubo paz después. No hubo nada. No sentí nada.
Lo invadió todo una absoluta y total indiferencia.
No saltó el interruptor, no se encendió la luz y seguía a oscuras. Mis demonios no desaparecieron, tampoco podía verlos ni enfrentarlos, sólo notaba que su presencia me hacía cada vez más pequeña, más vulnerables. Y a medida que yo me encapsulaba para intentar huir, ellos se hacían más pesados, más grandes y fuertes.
Y la sangre cayendo no me hizo volver, no me ayudó a sentir, a volver en mí. Aquí sigo, encerrada, sola y triste, siendo una cascada de lágrimas que no sé de dónde vienen ni cómo pararlas. Tengo miedo.
lunes, 18 de febrero de 2019
QUE ME GUSTA
Me entretengo observando como grupos de personas socializan, como intentan ligar o no discutir mientras beben y tratan de seguir el ritmo de la música que lo invade todo. Las interacciones humanas son tan simples, tan complejas e intuitivas a la vez.
Abstraerme en la idealización de conversaciones ajenas, en sus maneras y formas. Me gusta salir a bailar y a analizar a quienes me rodean. Hacer pruebas. Comprobar cómo reacciona la gente a según qué estímulos -habitualmente sexuales o exasperantes- regocijarme en los resultados y mientras actúo sobre ellos.
Ir a tomar café con desconocidos, quedar para hablar aunque yo sea más de escuchar. Adoro ver la expresión y gestos de la gente cuando me cuentan qué les gusta, cuáles son sus miedos e inquietudes, cómo se ven en un tiempo... Escuchar es una de mis mayores pasiones.
Y el sexo. El sexo por puro y absoluto placer. Dar y recibir sin mayor pretensión que disfrutar, en grupo o en solitario, sin más regla que el consenso. Sin ataduras -a no ser que sean físicas- llegando a los límites e intentando rebasarlos. Jugar. Adoro los juegos, los piques sin malicia que acaban conmigo sin bragas en cualquier sitio.
domingo, 27 de enero de 2019
BLOQUEADA
Nunca he logrado exteriorizar verbalizando mis sentimientos, mis emociones, mis "quiero" menos superficiales, más reales. He sido una niña retraída, de esas a las que preguntas y están bien, siempre están bien aunque por dentro estén rotas, al borde del colapso, con miedo o falta de cariño. Supongo que el no confiar en quienes me cuidaban, no tener un confidente, un persona a la que pedir ayuda o consejo, alguien que estuviese ahí siempre... el hecho de que no me enseñasen a hablar, a expresar mis sentimientos sino todo lo contrario tiene algo que ver.
Y me veo ahora, con 24 años, bloqueada.
No estoy bien, ni anímica y psicológicamente, tengo brotes que creía tener más o menos estabilizados, siento que cada día quiero intentarlo menos, he vuelto a las practicas lesivas y todo ello mientras veo que la única solución que me proponen o aconsejan me da pánico.
En verano del 2016, después de un intento de suicidio, me ingresaron a la fuerza en una cárcel llamada psiquiátrico diciendo que era por mí bien, drogada, sin ser consciente de nada a mí alrededor, quitándome todos los vínculos -teléfono, contactos, visitas...- con la gente que quería -amigos- y obligándome, a pesar de ser mayor de edad, a hablar con mi familia (única gente de la que podía recibir visitas y a la que dieron el "control de mi liberación") me quitaron cualquier simpatía que pudiese tener por los profesionales de la salud mental en la Seguridad Social.Me niego a pedir ayuda profesional. No soy capaz de confiar, no me han demostrado que pueda hacerlo.
He intentado verbalizarlo o escribir cómo me encuentro para poder así aclarar las ideas, pedir consejo o simplemente saber qué me pasa pero no doy. La introspección no funciona, puedo estar horas delante de una hoja en blanco que no saco nada y me frustro, puesto que ni siquiera logro ser sincera conmigo misma sobre mis necesidades.
Me gustaría sentarme a hablar de chorradas, sentirme cómoda, no juzgada, relajada y que la conversación fluyese permitiéndome abrirme pero me puede el miedo. Miedo a resultar molesta, a que la otra persona no esté cómoda, a que finja, a molestar, a que sea demasiado, a que se tache de insignificante lo que cuente, a que me hagan daño... Miedo a bajar mis barreras, confiar y que me vuelvan a hacer daño.
lunes, 14 de enero de 2019
CURSIVA (I)
Todo va bien. Estamos hablando y riendo, suelto algún comentario gracioso, pataleo y hago muecas. Me acerco y te beso, o me besas -aunque no suelo empezar yo-, me río y chocamos. Mis piernas te rodean, me arrimo y te toco. Mis manos pasean por tu espalda -arriba, abajo, círculos... ahora cosquillas ¡Uy, tiembla!- y las tuyas empiezan una incursión ascendiente por mi abdomen. -Hacemos- Calor, nos sobra la ropa, que lanzamos a nuestro alrededor sin demasiado cuidado. Escalofrío. Pezones duros, contrastan los piercings negros con el fondo blanco. No son lo único que está duro. Acerco mi cara, saco la lengua intentado que las dos bolitas que tengo te rocen -parece que funciona-, te meto en mi boca y sí, funciona. Intento hacerlo lo mejor y más rápido posible, me apartas -¡Ey¡ ¡Mi juguete!- diciendo que no tenga prisa. Me besas y tocas ¡estoy tan mojada! Bajas poniendo cara de risa y me abres las piernas -mierda, mierda, lo va a hacer. ¡Respira! ¡Estás limpia! Inspiro despac...- ¡Tu lengua! Noto que te mueves, parece no desagradarte, me sujetas por las muñecas para que no me aparte -¡Concéntrate en el placer, Andrea!- Joder, lo haces muy bien, podría correrme sólo así. Me metes un dedo para complementar -quiero algo más- y pronto cambiamos a algo más intenso. Subes y me besas, sabes a mí y me gusta. Noto como juegas, moviéndola arriba y abajo -la quiero dentro- empezas a entrar -Mierda, relájate ¿Por qué duele? ¡Respira! Molesta. Joder ¡pero si estoy mojada no podría doler!- Me preguntas si quiero más, te digo que de momento así está bien, nos movemos y parece que está todo solucionado. Esto me gusta demasiado: me metes un dedo en la boca y acaricias con él mi clítoris ¿Me puedo correr ya? La montaña de sensaciones sigue subiendo, todo va más rápido... -Mierda, me empieza a molestar la penetración. ¡Joder! Pero si yo quiero y estoy relajada, cada vez que entra noto como si me pasen una lija. Ya no estoy lubricada. Me estoy tensando. No es justo, siempre me pasa lo mismo. Debería decirle que mejor paramos, pero se va a sentir horrible y no voy a dar explicado porqué duele. Cada vez molesta más... Tengo ganas de llorar. Quiero irme.
-Esto, ¿Paramos?
lunes, 7 de enero de 2019
DESREALIZACIÓN
Muchas veces me siento sucia, aunque acabe de salir de la ducha y sepa que es imposible estarlo. Me siento incómoda conmigo y si alguien me toca por debajo de la ropa creo que voy a manchar, a oler mal, que será desagradable y acabarán asqueados de estar conmigo. Hay demasiadas cosas que me cuesta hacer -o dejar hacer, sobre todo- en el plano sexual y a más confianza con la persona más intensas son esas sensaciones.
Cuando de pequeña me violaban siempre me decían que estaba sucia, que era un asco tocarme, que diese gracias porque ellos me querían igual y que más me valía no protestar ni gritar porque "a las guarras como tú no las quieren ni para putas". Me decían eso cada vez, varias veces, muchos años. Tiempo durante el que yo iba integrando que hiciese lo que hiciese iba a estar mal, que no podía pedir, hacer, ni decir nada a riesgo de que me pusiesen de rodillas con una polla en la boca, o me metiesen en la ducha con agua helada, o me pegasen con un cinturón hasta que me hacía una bolita y desconectaba.
Desrealización.
Aprendí a irme, a huir de todo lo que me atacaba; a quedarme inerte y sin sentido, separándome de mi yo físico. El tiempo pasaba más rápido así. Me costó mucho controlarlo y cuando no lo lograba todo dolía más, como si mi cuerpo me castigase por abandonarlo a su suerte. Esos son los días de los que tengo un peor recuerdo, no por las prácticas sino por la angustia al no poder "no sentir", notándome encerrada en un amasijo de carne que sangraba, escocía, era muy pequeño, estaba usado, machado...
Aun hay días ahora en los que me cuesta permanecer presente, en los que mi autoestima está por los suelos, me siento mal, poco atractiva, sucia, de poco valor...; que no comprendo porqué podría interesarle a alguien tocarme, darme placer. Que me da angustia la idea de que lo hagan porque me siento mal para-con ellos: ¿Y si son como yo y no se atreven a decirlo? ¿Y si no les gusta pero no dicen nada por miedo? ¿Y si se sienten forzados? ¿Y si...y si después dejo de gustarles porque me ven tan sucia como me veo yo?
O cuando estoy más tensa/nerviosa/incómoda de lo normal, algo me duele, me voy y no soy capaz de volver. Dejo de lubricar, duele más y me pierdo en ensoñaciones hasta que todo acaba.
Supongo que esto es una de mis asignaturas pendientes, de esas que arrastras a Septiembre y te hacen repetir curso. Sólo que aquí las repeticiones son infinitas, tantas como prácticas lleve a cabo.
EXPERIENCIAS II
A veces -muchas- me gustaría tener un interruptor que accionar para borrar los recuerdos que me inundan sin avisar, que se pasean por mí mente como si fuese suya -que lo es- opacándolo todo, quitando cualquier adorno que pudiese haber colocado y llenándolo todo de una tristeza abismal.
Ojalá poder olvidar, ojalá no volver a tener 5 años y estar sentada en bragas en una sala sucia, llena de botellas verdes de vino -vacías-, en una manta llena de manchas en el suelo, con una televisión delante en donde una mujer se la chupa a un hombre, mientras dos hombres mayores me miran. Ojalá no sentir el frío, ni el olor a humedad, alcohol y sudor, ojalá que esas manos arrugadas, frías y pegajosas no me bajasen las bragas y me abriesen las piernas. No sentir ese bigote rozándome los muslos, ni esa lengua áspera recorriendo mi entrepierna, ni esos dedos metiéndose en mí haciéndome tanto daño.
Me hago pis y se enfadan tanto: me tiran del pelo, me escupen y me llaman puta, aprietan mi cara contra la manta mojada y los insultos no cesan... ¡me hago tan pequeña de pronto!
Ojalá no saborear mis lágrimas de nuevo, ni notar dos manos más uniéndose a las primeras, ni sentir dos penes hediondos rozándome mientras me instan a cogerlos con mis manos, a moverlas, a sacar la lengua y lamerlos como si fuese un helado. Ojalá no sentir que me sujetan por detrás, me tapan la boca con una mano y un grito sordo lo inunda todo; no sentir de nuevo ese dolor llegando a cada célula de mi cuerpo, mientras se mueven y me mueven, mientras lloro y me quedo quieta sin comprender nada.
Me hago pis de nuevo.
Ojalá olvidar que lo único que pensaba durante esos episodios era si a otras niñas sus papás también las querían así.
sábado, 5 de enero de 2019
EXPERIENCIAS I
Era mi manera de castigarme, de mostrarme cuanto me odiaba y de quitarle el poco valor que pudiese quedarle a mi vida.
Yo era la típica niña de 12-14-16 años desarrollada, que aparentaba ser mayor o casi mayor de edad y que asentía a todo:
-Hombre mayor, olía muy mal, me invitaba a un porro si follaba con él. Dolía, me odiaba por no irme pero ansiaba sentirme mal. Había muchos señores mayores que querían tocar a una niña, decirle que ya era una mujer, que los tocase. Todo flácido, maloliente y asqueroso.
-Hombre que quería acostarse con alguien de la edad de su hija. Follaba y me dolía, me tensaba y siempre dolía. Me acariciaba y daba besos, quería vomitar pero no me iba. Me recordaban a mi padre, sentía como si lo estuviese recreando... Conocí a muchos hombres como este, señores que me veían inocente y pura, que preferían hacerme daño a mí que a sus hijas. Demasiadas veces. Demasiados hombres oliendo a espuma de afeitar, tabaco y vino. Con barbas, bigotes y corbatas.
-Me decía que si me dejaba atar y pegar me daría mimos, que si era capaz de aguantar sus embestidas sin gritar me daría un premio, que estaría muy orgulloso de mí y me querría. Me ataba y pegaba, no había mimos. Me ofrecía un porro para que dejase de llorar, para que dejase de ser una niña moqueando e integrase que "o follas conmigo duro o te largas". O me daba una pastilla, o un chupito y así me relajaba y entraba todo más fácil. Todo era más sencillo con alcohol.
-Eran dos. Me daban miedo pero ahí estaba, en una habitación sucia con un colchón lleno de manchas y cocaína decorando la mesa. Fue la primera vez que probé, no la única. Luego tuve que compensarlos. Dolía, nunca estaba mojada pero eso era igual. Tenía tantísimo miedo que lloraba y eso les gustaba, pero no decía que no, nunca lo decía.
-Un piso oscuro, viejo, con mucho polvo y sin muebles. Hombres, todos drogadictos, se sentaban en cartones a ver cómo nos movíamos, cómo nos tocábamos y si lo hacíamos bien podíamos volver, nos daban mierda inyectable como premio. Éramos un juguete. Teníamos que hacerlos felices mientras ellos se "iban de viaje"... De ahí huí rápido.
Hasta hace relativamente poco no he sido capaz de verlo como una actividad lúdica, segura y consensuada. Y aún hay días... Días en los que me siento sucia, en los que tengo que lavarme varias veces, que no dejo que me toquen si no estoy limpia... Días en los que ni aún así lo hago bien.