jueves, 2 de octubre de 2014

CÍRCULO VICIOSO

Hacía mucho tiempo que no me sentía tan nerviosa, que no notaba esas ganas de irme a otro lugar, de desaparecer. Y todo por una simple pregunta. Me descolocó, me dejó en blanco y me hizo recordar lo que había ocultado. Pensaba que ya lo tenía superado, que no no me producía dolor, que formaba parte de mi pasado y no de mi presente; que ya no me afectaba. Me equivocaba.
Me hizo plantearme mi vida sexual actual, el por qué y el cómo mantengo relaciones con desconocidos, el por qué siento que las amistades con varones van a acabar en sexo y no sabré decir "no", el por qué no confío en nadie; el por qué me uso, me castigo.
Uso el sexo como liberación, como pena, como forma de decirme a mi misma que en el fondo fui culpable, que fui yo quien no lo paró, quien permitía sus acciones. Y no me gusta, en el fondo no siento placer, me siento mal, pero más "liberada"; me hundo más en mi fango pero ahí me siento en casa. ¿Por qué he de cambiar algo que forma parte de mí desde siempre? ¿Por qué voy a luchar contra algo que antes no me importaba? ¿Por qué voy a hacerlo?
Debería parar, lo sé; todo el mundo me lo dice. Pero es difícil, me siento mal sin hacerlo, me falta algo, me falta mi yo niño, me fallo. Me gustaría parar. Aunque, me siento viva cuando noto el dolor, me despierta; fluye a través de mi la sensación de que ya no soy persona, de que soy un objecto de placer unidireccional, como antes y me da asco serlo, pero es lo que soy. No puedo engañarme a mi misma. Se que no está bien, que no es bueno para mí, que me destruye, que debo dejarlo, pero cuanto más lo hago peor me siento, y cuanto más me hundo más quiero hundirme. Círculo vicioso.
Cuando dejo que me dominen, soy sumisa, vuelvo a tener 6 años, vuelvo a ser aquella niña, aquella mocosa, aquella cosa que él tocaba y se dejaba, aquella que no luchaba y se dejaba ser. Yo soy ella, ya lo era antes y lo sigo siendo; no puedes luchar contra algo que te rodea y oprime. No se cómo hacerlo.  Me gusta dominar, a ellos les gusta que mande, que yo sea esa fantasía de dominatrix. Me siento bien cuando ellos se liberan y confían, se dejan guiar por mí. Me encanta cuando llegan al clímax, porque ellos son yo. Me gusta hacerles daño, que griten y lloren, y comprobar que al final nada importa y el goce impera. Les gustan los azotes, la asfixia, la humillación, el dolor... Y a mi me relaja cumplir sus gustos, me completa.
Creo que todavía soy aquella niña.