A veces me gusta salir a escuchar música, a beber cerveza y ver a la gente moverse; que la noche acabe en una cama, acompañada.
Me entretengo observando como grupos de personas socializan, como intentan ligar o no discutir mientras beben y tratan de seguir el ritmo de la música que lo invade todo. Las interacciones humanas son tan simples, tan complejas e intuitivas a la vez.
Abstraerme en la idealización de conversaciones ajenas, en sus maneras y formas. Me gusta salir a bailar y a analizar a quienes me rodean. Hacer pruebas. Comprobar cómo reacciona la gente a según qué estímulos -habitualmente sexuales o exasperantes- regocijarme en los resultados y mientras actúo sobre ellos.
Ir a tomar café con desconocidos, quedar para hablar aunque yo sea más de escuchar. Adoro ver la expresión y gestos de la gente cuando me cuentan qué les gusta, cuáles son sus miedos e inquietudes, cómo se ven en un tiempo... Escuchar es una de mis mayores pasiones.
Y el sexo. El sexo por puro y absoluto placer. Dar y recibir sin mayor pretensión que disfrutar, en grupo o en solitario, sin más regla que el consenso. Sin ataduras -a no ser que sean físicas- llegando a los límites e intentando rebasarlos. Jugar. Adoro los juegos, los piques sin malicia que acaban conmigo sin bragas en cualquier sitio.