Soy totalmente consciente de que necesito casito 24/7, que me gusta que me mimen todo el rato y las muestras de cariño permanentes: abrazar, dar besos y estar pegada como si quisiese fundirme, oír la respiración y el latir del corazón, sentir y dar caricias... Sé que mi autoestima es pendular, que necesito que me recuerden todo el rato porqué están a mi lado, porqué me quieren y qué ofrezco. También sé que sería la cosa más empalagosa del mundo si no me contuviese, si no creyese que es malo necesitar ese contacto constante. Pero no puedo evitar notar esa falta, ese hueco vacío que por más que llene nunca está completo, y cuanta más ansia tengo por rellenarlo a cualquier costa más vacío está, más negro es y más difícil es de aguantar esa sensación de soledad y abandono.
He aprendido a agradecer lo que me dan, aunque sea mínimo, a cogerlo y vivirlo sabiendo que es, o puede ser, finito. A no exigir sabiendo que el cariño suplicado no significa nada, y los celos sólo corrompen. He aprendido que el amor no tiene tope, que puedes querer a más de una persona de forma plena y absoluta sin mermar ni un ápice lo que sientes por otras (no sólo me refiero al ámbito romántico) y que el pilar fundamental de cualquier relación humana sana es la confianza, que es en lo que debería basarse y apoyarse todo lo demás.