Cuando en el colegio me enseñaron el cómo de la evolución humana me dijeron que con el paso de los años habíamos ido recopilando conocimientos, adquiriendo capacidad racional y volviéndonos sabios y que esto era lo que nos diferenciaba de los animales.
Aprendí que de ser monos cuadrúpedos e irracionales pasamos a ser homo habilis al dar el gran paso de construir herramientas, y que después, al trabajar con ellas nos volvimos ergaster; más tarde, ya bípedos pudimos viajar y expandirnos, colonizarlo todo y fuimos erectus, y ahora, cuando ya todo está visto, tomado, usado, acabado y empezamos a autodestruirnos, nos hacemos llamar sapiens.
Tiene sentido, me pregunto yo, esta evolución, o es que queremos ver lo que deberíamos ser y no somos. Porque la Historia nos demuestra, con hechos que no palabras, esto. Nos muestra como los sabios necesitan sangre Sabia regando campos de los que luego comerán para ser felices, y como esos sabios siguen necesitando sangre Sabia para vivir, pero ahora no la quieren como fertilizante ni abono, ahora la desean poseer creyendo que así conseguirán el oro negro que cubrirá.
Cuando hace miles de años un grupito de células por causa del infortunio se unieron para ser Vida no sabían que les habría sido mejor no hacerlo, puesto que en la época Sapiens que estamos viviendo, un puñado de materia orgánica, descompuesta y negra vale más que cualquier clase de Vida, incluída la humana.
Esto me hace pensar que mis futuros descendientes en el colegio no aprenderán que hemos evolucionando para diferenciarnos de los animales y ser sabios, sino que un barril de petróleo vale infinitamente más que Ellos y que no tienen derecho a protestar por ello. Y pondrán como ejemplo, que en pleno siglo XXI todavía se exterminaba a gente para que las potencias económicas mundiales obtuviesen capital regado con sangre de niños como ellos y adultos como sus padres.
En fin, creo que mis profesores de primaria se habrían ahorrado muchas clases de explicaciones si nos hubiesen dicho la frase: Homo hominis lupus.