Delante de un lienzo en blanco: tranquilidad, equilibrio, paz. Miro mi paleta, restos secos de óleo, de otro episodio en mi vida.
Una tarde ocupada en pintar un sueño. Rayas sombra tostada, pincel grueso y largo. Manchones verde caqui, carmín con blanco y azul cian motean el fondo de mi cuadro, sin sentido; espirales con amarillo, rojo vivo y verde brillante en redondo, girando sobre sí mismas. Infinito. Color difuso, gruesas pinceladas, con forma, con relieve. Un Yo puesto en cada mota de color.
Oscuros primero; más blanco en mi paleta para dar sombras de luz, aguarrás escaso.
Música de fondo, relajante. La siento entrar en mí y me dejo llevar por ella. Un violín marcando el ritmo. Notas agudas que esconden los gritos y voces de fondo. Rabia.
Rápidas pinceladas, más gruesas, como pegotes de pintura sin sentido, furia en mis movimientos. Más pintura, oscuros ya no blancos. Sombras, sombras y negro.
Finalizar con una tupida veladura azul oscuro, presionar con papel quitando restos. Y volver a dar sombras de luz.
Pintar en un lienzo en blanco, metáfora del trascurso de una vida.
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