Amigos. Esa palabra tan usada y tan mal empleada que da pena. Es explotada, mangoneada, banalizada, le quitan la exclusividad y después se quejan.
Las personas llaman amigos a los compañeros de trabajo, a eses con quienes los viernes se toman unas cañas y critican el mísero sueldo, a los compañeros de clase con quienes los jueves hacen vida social más allá de las cuatro paredes del aula... Llaman amigos a los compañeros de ducha en el gimnasio, a los conocidos, al vecino del cuarto... Amigos son, para ellos, eses con quienes comparten fluidos y poco más durante un rato, a quienes amanecen resacosos a su lado, a quienes oyen pero no escuchan y miran pero no ven pero ocupan tiempo. Y lugares. Y desvirtúan la palabra amigo.
Porque un amigo jamás oye sin escuchar ni mira sin ver, ni se sienta a tu vera llenando de huecos diálogos un silencio incómodo, porque no hay silencios incómodos. Un amigo se levanta y te levanta, un amigo está no sólo para salir, beber, follar o ir con él al cine, está para tomar un café con leche en el sofá si llueve y hace frío y no queréis salir a la calle, para sentarse en un banco a observar alrededor, para ir a la playa con tormenta, para estar contigo cuando tú no quieres estar ni siquiera contigo mismo, o cuando tienen otras mil cosas que hacer pero prefieren aplazarlas. Están a pesar de los días, semanas y meses sin veros y los kilómetros que os separan, aunque a veces, también están cerca. Amigos son eses a quienes tú escoges, tú eliges incluir en tu vida, y ahí radica la diferencia entre uno de estos casi extintos seres y un conocido, porque unos forman parte de quien eres y los otros apenas llegan a formar parte de nada.
Y después protesta, se molesta y enfada porque sus "amigos" no lo son tanto, porque no eran quienes ellos querían que fuesen, por irse sin remordimientos y dejarlos a la deriva. Y comprueban que forzar a alguien a ser algo que ellos desean poseer, a idealizarlos no causa más que problemas.
Puedo afirmas que tengo muchos conocidos, personas con las que debería forzarme a mantener una conversación para evitar el silencio, con quienes debería censurarme, pararme, y ser yo misma sería una tarea de riesgo.
Me cuesta tanto afirmar amigo a alguien que cuando lo hago pondría la mano en el fuego sin riesgo a quemarme. ¡Amigos son tan pocos y estoy tan orgullosa de ello y de ellos que incluso me resulta doloroso rehuir de su contacto físico-cariñoso!
sábado, 27 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
ESPEJISMO
Vivo en la parte plana, en la irreal pero presente. En la copia barata pero frágil como un espejo. Ahí: en el espejismo dulce de la dualidad.
En mi aquí no hace frío, no me duele nada exterior a mi propia persona, no me afecta ningún hecho contemporáneo. Habito lejos de la frontera que separa mi mundo del real, y estoy bien. Aquí solo estoy yo; mi yo y mis propias circunstancias, mi yo complejo pero chiquito, intenso pero tranquilo, mi yo con todo lo que le ocupa.
En mi pequeña y acuosa burbuja el caos, la realidad oscura y pesada, es aceite y como tal flota y no entra, no (me)contamina; buceo y no me toca, a pesar de los incesantes e incansables intentos por homogeneizarlo todo.
Desde este lado veo el otro plano a través de un espejo en el que todo se refleja pero sólo lo siento gráfica, aséptica y esquemáticamente. Las emociones, sensaciones y vibraciones son repelidas por el haz de luz y no logran penetrar la coraza: estoy a salvo.
El problema es cuando capturan a mi burbuja, me sacan y me obligan a habitar la realidad de la que huyo, a vivir cual fantasma en un castillo en ruinas, y lo noto todo en primera persona. Y odio cuando dejo de vivir en mi espejo, viéndolo todo y tengo que ser sujeto. No quiero ser actriz en esta obra, quiero cambiar mi papel, borrar el guión. Pero ¿a qué director se lo exijo? Quiero ser simplemente decoración en este drama, quiero escudarme en mi espejo. Volver a mi burbuja y bucear hondo
En mi aquí no hace frío, no me duele nada exterior a mi propia persona, no me afecta ningún hecho contemporáneo. Habito lejos de la frontera que separa mi mundo del real, y estoy bien. Aquí solo estoy yo; mi yo y mis propias circunstancias, mi yo complejo pero chiquito, intenso pero tranquilo, mi yo con todo lo que le ocupa.
En mi pequeña y acuosa burbuja el caos, la realidad oscura y pesada, es aceite y como tal flota y no entra, no (me)contamina; buceo y no me toca, a pesar de los incesantes e incansables intentos por homogeneizarlo todo.
Desde este lado veo el otro plano a través de un espejo en el que todo se refleja pero sólo lo siento gráfica, aséptica y esquemáticamente. Las emociones, sensaciones y vibraciones son repelidas por el haz de luz y no logran penetrar la coraza: estoy a salvo.
El problema es cuando capturan a mi burbuja, me sacan y me obligan a habitar la realidad de la que huyo, a vivir cual fantasma en un castillo en ruinas, y lo noto todo en primera persona. Y odio cuando dejo de vivir en mi espejo, viéndolo todo y tengo que ser sujeto. No quiero ser actriz en esta obra, quiero cambiar mi papel, borrar el guión. Pero ¿a qué director se lo exijo? Quiero ser simplemente decoración en este drama, quiero escudarme en mi espejo. Volver a mi burbuja y bucear hondo
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