lunes, 17 de noviembre de 2014

CUANDO

Vivo en una carcasa fría, húmeda, oscura, sucia que no soy capaz de cambiar ni poner más habitable, sólo mediante el dolor físico soy capaz de hacer escapadas a un lugar más tranquilo y en paz; y es entonces cuando puedo tomar aire y respirar.
Cuando a golpes huyo, cuando sin oxígeno me evado soy poderosa, me domino, me controlo y me relajo. Cuando los colores se explayan por mi retina y no siento las manos, ni los pies, ni las piernas, me separo del cuerpo que habito y vivo. Vuelo en paralelo y soy yo misma. Cuando la respiración se corta, y este salvavidas me ahorca soy plenamente feliz, es cuando mejor me siento. Estos momentos son mi tabla de salvación, sin ellos no podría fingir esa sonrisa en mi rostro, ni esas ganas de hacer de todo, no sería, ni siquiera, apariencia.
La sangre también ayuda, pero dura menos su placer; cuando de los pequeños cortes emana líquido respiro, pero es una sensación tan poco duradera, tan limitado es su poder que no vale la pena hacerlo, es un gasto de energía inútil.
La verdad es que sé que hacerlo no es correcto, no está bien visto y debería buscar otras formas de evadir el sentimiento de claustrofobia que me invade, pero no encuentro una forma igual de efectiva
y práctica de hacerlo. Así conozco mis límites, pues ahora soy yo quien controla el cordón, no necesito a una tercera persona a quien obedecer y de quien recibir órdenes, yo soy mi propia dueña. Sé que cuando ya no veo la aurora, el sol se va y veo estrellas debo parar; que si cruzo esa frontera tendré más dificultades de las usuales para volver. Y no, por mí me quedaba flotando en ese limbo, pero no debo, por mí culpa no deben sufrir los otros. Ya yo castigo a este forro, el único culpable de mi dolor.
Porque no es comparable el dolor físico con el mental. El que atormenta veinticuatro horas mi cabeza es peor, es mucho más profundo, sádico y cruel; me recuerda una y otra vez secuencias en blanco y negro que querría bloquear y no me deja. El físico me permite obnubilarme de ese y acordarme de cómo me debo comportar, de cómo debo actuar... de cómo ser un yo-ser humano corriente, es el remedio y el castigo, es lo que me recuerda el dolor pasado, el que me dice que allí estuve yo y me deje estar, que me recuerda que no fui inocente. Es una cura a este asco que me guía, a esta apatía, a este masoquismo mal encarado... y ahora lo controlo yo.
En el fondo odiaba con todo mi ser que alguien me golpease, me humillase, me hiciese daño, aunque más odiaba el sentimiento de asco posterior a esas sesiones, la sumisión que me guiaba en ellas era mi perdición, pero era mi única salida. Ahora he visto que yo misma me puedo guiar a través del dolor físico hacia el éxtasis, el limbo, el perdón, el castigo, el asco, la venganza, la vergüenza... Me doy asco después de ello, me siento horriblemente culpable por lo hecho pero no doy parado, no quiero parar... Es un grito de socorro, una llamada de emergencia que nunca se responde.

jueves, 2 de octubre de 2014

CÍRCULO VICIOSO

Hacía mucho tiempo que no me sentía tan nerviosa, que no notaba esas ganas de irme a otro lugar, de desaparecer. Y todo por una simple pregunta. Me descolocó, me dejó en blanco y me hizo recordar lo que había ocultado. Pensaba que ya lo tenía superado, que no no me producía dolor, que formaba parte de mi pasado y no de mi presente; que ya no me afectaba. Me equivocaba.
Me hizo plantearme mi vida sexual actual, el por qué y el cómo mantengo relaciones con desconocidos, el por qué siento que las amistades con varones van a acabar en sexo y no sabré decir "no", el por qué no confío en nadie; el por qué me uso, me castigo.
Uso el sexo como liberación, como pena, como forma de decirme a mi misma que en el fondo fui culpable, que fui yo quien no lo paró, quien permitía sus acciones. Y no me gusta, en el fondo no siento placer, me siento mal, pero más "liberada"; me hundo más en mi fango pero ahí me siento en casa. ¿Por qué he de cambiar algo que forma parte de mí desde siempre? ¿Por qué voy a luchar contra algo que antes no me importaba? ¿Por qué voy a hacerlo?
Debería parar, lo sé; todo el mundo me lo dice. Pero es difícil, me siento mal sin hacerlo, me falta algo, me falta mi yo niño, me fallo. Me gustaría parar. Aunque, me siento viva cuando noto el dolor, me despierta; fluye a través de mi la sensación de que ya no soy persona, de que soy un objecto de placer unidireccional, como antes y me da asco serlo, pero es lo que soy. No puedo engañarme a mi misma. Se que no está bien, que no es bueno para mí, que me destruye, que debo dejarlo, pero cuanto más lo hago peor me siento, y cuanto más me hundo más quiero hundirme. Círculo vicioso.
Cuando dejo que me dominen, soy sumisa, vuelvo a tener 6 años, vuelvo a ser aquella niña, aquella mocosa, aquella cosa que él tocaba y se dejaba, aquella que no luchaba y se dejaba ser. Yo soy ella, ya lo era antes y lo sigo siendo; no puedes luchar contra algo que te rodea y oprime. No se cómo hacerlo.  Me gusta dominar, a ellos les gusta que mande, que yo sea esa fantasía de dominatrix. Me siento bien cuando ellos se liberan y confían, se dejan guiar por mí. Me encanta cuando llegan al clímax, porque ellos son yo. Me gusta hacerles daño, que griten y lloren, y comprobar que al final nada importa y el goce impera. Les gustan los azotes, la asfixia, la humillación, el dolor... Y a mi me relaja cumplir sus gustos, me completa.
Creo que todavía soy aquella niña.


lunes, 22 de septiembre de 2014

¿A QUÉ TIENES MIEDO?

Me preguntaba hace unos días un amigo que a qué le tenía miedo, cuál era mi temor más profundo. Y no supe responderle.  En ese momento le dije que a nada, a nada físico, recalqué. Y es verdad, pero una verdad incompleta.
Aunque la verdadera pregunta debería haber sido: ¿Qué es el miedo para ti, Andrea? Porque de ello dependen mis temores. Para mí es una sensación agobiante que me recorre por completo, que me paraliza, que me bloquea, me impide respirar; me ahoga. El miedo, yo lo siento, como el sol de mediodía, que te permite ver hasta el mínimo detalle de lo cotidiano, lo que te rodea más profundamente; te muestra la oscuridad, incluso la tuya propia, con una cruda y real claridad; te deslumbra y te daña la retina cuando lo miras fijamente, sin protección ni idea de lo que es. Es la unión, la hermandad de de lo real e irreal, de lo psíquico y lo físico.  Sin él no seríamos capaces de ver lo que nos persigue, lo que nos envuelve en una onírica  y opaca utopía. Seríamos ciegos sin lazarillo (aunque, a veces, este pilluelo nos robe el vino aprovechándose de la situación).

De forma genérica y apresurada diría que le tengo miedo a muchas y, a la vez, pocas cosas: a la soledad y a las muchedumbres, al silencio ruidoso y a los llantos mudos, a los gritos y a los susurros... al pasado, sobre todo a esto último. Le tengo un pánico atroz a mi pasado, a su repetición en otras víctimas, al círculo irrompible que algunos dicen que es la vida. Tengo miedo a no ser capaz de cortarle la cabeza a la serpiente y que el instante sea eterno, se repita, sea nietzschiano.
No tengo miedo físicos reales, sino psicológicos. Y creo que eso a todas y todos nos pasa, pues no tenemos miedo a una araña, sino a su proyección sobre nosotros; no es miedo al agua, sino a las consecuencias de su mal uso; no es miedo a una violación física, sino psicológica; no es miedo a los hombres, sino a cómo los vemos, a su trascendencia en nuestra psique.

Y respondiendo, ahora sí de verdad, a la pregunta que me hizo ese domingo junto al río, diría que tengo miedo a las decisiones indebidamente tomadas, a los recelos pretéritos y mal curados, a todo presente reflejo del pasado, a esa serpiente escurridiza. Le tengo miedo a todo y a nada, pues todos los miedos se superan, se relegan al olvido encerrados bajo siete llaves...
Por ello, tengo temores ficticios, que no lo son, porque empleando mi definición de miedo, ahora mismo no hay nada que me atenace el aire en los pulmones, nada que me domine, nada a quien yo le deje el control total de mi vida.
 

martes, 27 de mayo de 2014

EL SEXO Y LA GENTE

Estoy cansada de los patrones conductuales que debemos seguir para no ser tachados de raros, anormales, problemáticos... Estoy harta de los cánones culturales que debemos seguir si no queremos ser reprendidos. ¡Estoy exhausta!
¿No se aburre la gente de hablar de lo que hace o deja de hacer el vecino? ¿No tienen cosas mejores que hacer? ¿No tienen vida propia? Digo. Porque sería bueno que se entretuviesen en otras cosas, no en criticar y sorprenderse por la vida y obras de una.

Si a mi me gusta tener a un dibujo de una chica desnuda, uso el una por no usar el "mí", de foto de perfil en todas mis redes sociales no debería importar. A mi me gusta, es mío, tanto el dibujo, como la página, como la modelo en sí. Si a mí me apetece escribir sobre sexo, sobre mis experiencias, sobre lo que yo considero placer o no, ¿Por qué se escandalizarían eses puritanos ojos lectores? ¿Por qué?
Acaso se escandalizan tanto al ver una copiosa e innecesaria comida, al enterarse de las muertes que hay diariamente en el mundo, al levantarse tarde por querer dormir un rato más, o al ver o ser partícipe de un engaño con el fin de aumentar su beneficio personal. Pues deberían.
Porque todos son pecados capitales: la gula, la ira, la pereza, la avaricia, y la lujuria...Todos vienen de la misma machista, misógina y, por desgracia, común religión Católica Apostólica. Todos son principios culturales impuestos desde esa sede. Todos ellos, no sólo la "lujuria".
Es escalofriante lo que una persona te puede llegar a decir por hablar de cómo prácticas sexo, de qué te gusta hacer, cómo y de qué manera, con cuánta gente o de qué sexo. En serio, si una se bisexual, le gusta disfrutar de su sexualidad plenamente y sin tapujos, investigar y descubrir nuevos modos de placer, de llegar al éxtasis, ¿qué importa? Que importa el que me gusten los tríos, el sadomasoquismo, obtener y dar placer mediante el dolor y la humillación, qué le importa eso a la gente. Yo lo cuento, no tengo problema, para mí el sexo no es un tema tabú, y es más, me gusta contarlo, descubrirle a las personas otras formas de goce... Pero de verdad, no me gusta nada cuando empiezan con: "Eso es antinatural", "Estás enferma", "Ni los animales hacen eso", "Vete al médico", "Es vício"...
Me pregunto si esas personas ven normal que más de la mitad de la población mundial considere el sexo un
mero acto reproductivo, que la mayor parte de las mujeres del mundo sean privadas de conocerse a sí mismas mediante la masturbación (por consiguiente tampoco en pareja) por carecer de formación, de órganos sexuales exteriores, o por tener una formación sexual que las coloca como objetos a servicio del hombre. Y la verdad, me da pena.
Nosotras que gozamos de una educación "privilegiada" (dentro de lo que cabe), de medios de información y cultura abiertos caemos en lo mismo, en el falocentrismo dominante, que considera sexo normal y natural al que se da entre un hombre y una mujer, al que tiene a la mujer subordinada, al que hace sinónimo placer/orgasmo y hombre y parir/sufrir y mujer. Y sí, lo acepto, también hay mentes "abiertas" que ven bien las parejas del mismo sexo...  claro, pero ponen el "Pero" después.
En serio, agotada estoy.
Si no coméis, por lo menos, dejad comer en paz a quienes tienen hambre o simplemente, quieren un postre.

viernes, 28 de marzo de 2014

INTIMIDAD COMPARTIDA

Me gusta tener el poder.
Me gusta ver qué se hacer.
Me gusta ver cómo se mueve.
Me gusta verlo no aguantar e irse.
Me gusta él.
Porque es mío 
Porque es íntimo.
Porque es privado.
Porque me gusta y lo comparto.
El tocarlo.
El besarlo.
El tenerlo.
Sentir su grandeza en mi mano.
Masajearla.
Besarla.
Amarla.
Engrandecerla y vaciarla.
Sin manchar.
Todo mío.
En mí.
Él.









ROJO Y AZUL HACEN VIOLETA

Placer:
Cariño:
Todo. 
Sus palabras, sus gestos.
Lo siento dentro, muy adentro.
Los paseos en las tardes.
Siempre. 
Sus desayunos.
Me gusta. 
La música permanentemente sonando.
Marcas, cuello, pecho.
Las series, los abrazos.
Suspiros. Penetración.
Besos.
Sangre. Él y yo.
Lo quiero.
Solos.
Amor bidireccional.





SUEÑOS

Recostada en la bañera.
Desnuda.
Sin pudor la venero.
Me mira y tiembla:
Miedo, vergüenza, pasión
Mujer.
Labios carmín
Labios como pétalos, abiertos.
Humedad. Dentro y fuera;
En las entrañas.
Lubricada.
Toca, respira, toca, siente.
Respira, siente, siente, siente.
Clímax.
Ella.
Perfecta.
Oníricamente perfecta.

jueves, 2 de enero de 2014

ME GUSTA

Me gusta el sabor del café por las mañanas, el bizcocho recién hecho y el olor a lluvia en verano. Me gusta sonreír al decir “buenos días”, levantarme cinco minutos después de que suene el despertador y ducharme en agua muy caliente.
Me gusta el frío de enero, caminar bajo la nieve sin paraguas, patinar sobre hielo; los helados de limón y nata, saltar desde rocas altas al mar. Me gusta correr por la playa y comer en el campo, los viajes improvisados y las visitas inesperadas.  Me gusta recorrer una ciudad a pie, perderme para después encontrarme; comer churros.
Me gustan los regalos inesperados y las citas planeadas con antelación, los olores dulces y la ropa de lana; llevar orejeras blanditas y peludas en invierno y pañuelos en el cuello incluso en verano. Me gustan las la velocidad en una moto, andar descalza por el barro y los paseos por el campo; hacer fotos imposibles e irrepetibles, tener un álbum.
Escribir cuando me aburro y me apetece, discutir susurrando; bailar. Dibujar cualquier cosa en cualquier lado, mezclar colores en mi paleta. Hacer con un pincel lo que con un bolígrafo negro en un papel en blanco. También me gusta ver reír a quien antes lloró, ser útil.
Me gusta la música clásica, el color negro y el heavy metal; las rosas rojas y encender velas perfumadas e incienso en mi habitación, el feminismo, la democracia y la república. Me gusta el color rojo en las uñas y en los labios, que me despinten a besos, ver anime acompañada y películas soporíferas y prohibidas.
Me gusta el tequila, el canto de los pájaros en primavera, la comida sin sal y con especias, las serpientes. Andar en pijama todo el día y dormir en una cama grande. Amo leer y a los libros, la comida de cualquier lugar, la luna llena. Las noches estrelladas y sin luna y las de fiesta; las vacaciones y estudiar. Timbrar y decir “hola, buenas” o simplemente, “soy yo”, me gusta la vainilla y las moras; plantar plantas y ver cómo crecen día a día, tocar a lucero.
Me gusta montar a caballo a pesar de mis caídas y mi anterior pánico a ellos, estar pegada a la cocina de leña encendida, cocinar. Vivir en el campo y en la ciudad, los perros y las trenzas en mi pelo.

Me gusta cómo soy, las cosas que me gustan, me gusto. Me gusta mi autoestima por las nubes y mis pies en la tierra.