lunes, 10 de agosto de 2015

HAGA DIANA

Una vieja puerta de madera carcomida es lo único que puede ver, la rodean paredes de piedra con ríos bajando por ellas y un techo irregular choca contra su cabeza al más mínimo movimiento. Está clavada en un viejo armazón de metal con forma de silla con unos grandes clavos que atraviesan sus brazos y piernas, anclándola a una realidad fría y oxidada.
No entendía el porqué le ocurría a ella, porqué estaba presa, porqué no podía salir de aquel zulo, qué había hecho para merecer tamaño castigo. Nadie entraba por la puerta, oía voces en la lejanía pero ninguna se acercaba, nadie respondía a sus lloros y ruegos, a sus súplicas.
Y mientras se desgañitaba gritando había intentado levantarse, soltarse, patear en un intento vano por mover lo inamovible y lo único que logró fue que por cada intento fallido más clavos la atravesasen, anclándola aun más.
Se cansó, al final, de provocarse tantas heridas, de quedarse afónica y se mantuvo quieta, llorando en silencio con los ojos cerrados y descubrió que así las voces eran más sonoras, estaban más cerca, parecía como si su presencia hubiese dejado de molestarles. Y se recreó en ello, notándose menos sola y creyendo, ilusamente, que alguien vendría a ayudarla.
Nadie fue y se le hacía cada vez más difícil mantenerse en silencio, no moverse y no gritar cada vez que atravesaban su cuerpo esos metales... Y voló.
Flotó y se escurrió por las rendijas de la resquebrajada puerta y vio. Miró alrededor dándose cuenta de que era bonito lo que la rodeaba, de que había salido de una majestuosa vivienda con flores en los balcones y el jardín cuidado y vibrante de energía. La gente paseaba por la acera y se quedaban mirando, no a ella, sino a su prisión, la observaban con deleite, con gozo, con envidia... No se escuchaba nada más que el trinar de los pájaros y el susuro del viento. ¡Lo notaba tan onírico!
Pero el viaje duró poco y volvía a estar sentada, con muchos más clavos, muchísimos de ellos más. La esperanza no regresó con ella y abandonó, ya no quiso volar más ni ver la cara de esos fantoches babeantes cuan borregos ante ella.
No era creyente pero rezó, pidió que algún clavo, después de tantos, hiciese diana y ganase la partida.

sábado, 27 de junio de 2015

AMIGOS

Amigos. Esa palabra tan usada y tan mal empleada que da pena. Es explotada, mangoneada, banalizada, le quitan la exclusividad y después se quejan.
Las personas llaman amigos a los compañeros de trabajo, a eses con quienes los viernes se toman unas cañas y critican el mísero sueldo, a los compañeros de clase con quienes los jueves hacen vida social más allá de las cuatro paredes del aula... Llaman amigos a los compañeros de ducha en el gimnasio, a los conocidos, al vecino del cuarto... Amigos son, para ellos, eses con quienes comparten fluidos y poco más durante un rato, a quienes amanecen resacosos a su lado, a quienes oyen pero no escuchan y miran pero no ven pero ocupan tiempo. Y lugares. Y desvirtúan la palabra amigo.
Porque un amigo jamás oye sin escuchar ni mira sin ver, ni se sienta a tu vera llenando de huecos diálogos un silencio incómodo, porque no hay silencios incómodos. Un amigo se levanta y te levanta, un amigo está no sólo para salir, beber, follar o ir con él al cine, está para tomar un café con leche en el sofá si llueve y hace frío y no queréis salir a la calle, para sentarse en un banco a observar alrededor, para ir a la playa con tormenta, para estar contigo cuando tú no quieres estar ni siquiera contigo mismo, o cuando tienen otras mil cosas que hacer pero prefieren aplazarlas. Están a pesar de los días, semanas y meses sin veros y los kilómetros que os separan, aunque a veces, también están cerca. Amigos son eses a quienes tú escoges, tú eliges incluir en tu vida, y ahí radica la diferencia entre uno de estos casi extintos seres y un conocido, porque unos forman parte de quien eres y los otros apenas llegan a formar parte de nada.
Y después protesta, se molesta y enfada porque sus "amigos" no lo son tanto, porque no eran quienes ellos querían que fuesen, por irse sin remordimientos y dejarlos a la deriva. Y comprueban que forzar a alguien a ser algo que ellos desean poseer, a idealizarlos no causa más que problemas.
Puedo afirmas que tengo muchos conocidos, personas con las que debería forzarme a mantener una conversación para evitar el silencio, con quienes debería censurarme, pararme, y ser yo misma sería una tarea de riesgo.
Me cuesta tanto afirmar amigo a alguien que cuando lo hago pondría la mano en el fuego sin riesgo a quemarme. ¡Amigos son tan pocos y estoy tan orgullosa de ello y de ellos que incluso me resulta doloroso rehuir de su contacto físico-cariñoso!

martes, 2 de junio de 2015

ESPEJISMO

Vivo en la parte plana, en la irreal pero presente. En la copia barata pero frágil como un espejo. Ahí: en el espejismo dulce de la dualidad.
En mi aquí no hace frío, no me duele nada exterior a mi propia persona, no me afecta ningún hecho contemporáneo. Habito lejos de la frontera que separa mi mundo del real, y estoy bien. Aquí solo estoy yo; mi yo y mis propias circunstancias, mi yo complejo pero chiquito, intenso pero tranquilo, mi yo con todo lo que le ocupa.
En mi pequeña y acuosa burbuja el caos, la realidad oscura y pesada, es aceite y como tal flota y no entra, no (me)contamina; buceo y no me toca, a pesar de los incesantes e incansables intentos por homogeneizarlo todo.
Desde este lado veo el otro plano a través de un espejo en el que todo se refleja pero sólo lo siento gráfica, aséptica y esquemáticamente. Las emociones, sensaciones y vibraciones son repelidas por el haz de luz y no logran penetrar la coraza: estoy a salvo.
El problema es cuando capturan a mi burbuja, me sacan y me obligan a habitar la realidad de la que huyo, a vivir cual fantasma en un castillo en ruinas, y lo noto todo en primera persona. Y odio cuando dejo de vivir en mi espejo, viéndolo todo y tengo que ser sujeto. No quiero ser actriz en esta obra, quiero cambiar mi papel, borrar el guión. Pero ¿a qué director se lo exijo? Quiero ser simplemente decoración en este drama, quiero escudarme en mi espejo. Volver a mi burbuja y bucear hondo

miércoles, 15 de abril de 2015

MOMENTOS

Son esos momentos en los que notas que tu ritmo cardíaco se acelera, que tu respiración se agita, que tus manos empiezan a sudar, que tienes escalofríos, dolor de estómago, nauseas y ganas de llorar sin poder controlarte;  son esos momentos en los que te preguntas qué pasa, por qué te pasa, por qué no das parado. Son esos momentos en los que el miedo atenaza tus músculos, tus articulaciones se atrofian, tu cuerpo no responde a los estímulos de tu cerebro, Y el pánico lo inunda todo.
Y no das hecho nada: no te das movido, no das salido de casa, no te mueves del sofá, no estiras tu posición fetal, no eres. Y lo único que logras es que pensamientos intrusivos se apropien de tu mente y la bloqueen más aun, que saquen de cajas precintadas recuerdos, momentos, situaciones y sentimientos que querrías tener bajo llave. Y lo único que logras es que todo vaya in crecendo, que todo te afecte en demasía, que sólo logres ver el lado oscuro de la luna y de todo lo demás. Todo te duele, todo te lastima; sientes que nada ni nadie te podría ayudar, que no hay nada para ti aquí. E incluso piensas en poder cerrar los ojos y parar el cúmulo de sensaciones desagradables que te acosan. Quieres dejar de ser azotado, fustigado y dañado por ti mismo, pero cuanto más lo deseas menos se cumple; y es como quien sopla las velas y dice en voz alta su mayor deseo.
Y pasan las horas, y tu cuerpo empieza a responder, con esfuerzo y ayuda externa, mucha y filosa ayuda. Pero tu mente va por libre, y ella lo controla todo. Y no deja de pensar, de hacerte sentir, de hacerte volver, de revivir una y otra vez situaciones incómodas... Y dejas querer salir de ahí, empiezas a ver que ese es tu sitio, el lugar que te corresponde, comienzas a notar que quizás estás donde debes estar y dejas de intentar huir.
Pero en el fondo, algo de ti te dice que no deberías dejarte llevar.

jueves, 2 de abril de 2015

RÍOS

Pequeños ríos azules, 
largos e hipnotizantes 
regueros de vida. 
Papeles:
Vuelan con el viento que entra por la ventana abierta.
Los llaman.
Oídos sordos.
Y fluyen los caudales.
Y le gustan.
Ama fluir.
Intrincados giros rompen la armonía,
rasgan el papel

Le gusta fluir, 
adora la sensación, relajante,
de volar.
Peligro y adrenalina.
Ver ríos, sentir caudales,
manchar.
Dejarse ir.
Disfrutar y llorar.
Reír.
Notarse viva.
Aquí, presente...
y en el presente.

Una hoja blanca, 
impoluta e inmaculada.
Dibujas, tinta negra hace ríos...
Caudal oscuro y tenebroso; 
asco.
Angelical perversión divinizada.
Garabatos en rojo, superpuestos, 
presionas y secas, 
más pigmento. 
Menos negro.
Otra vez, en el papel, dibujados:
Los pequeños y vivos ríos.