Abrazarte y que me abraces. Pegarme físicamente a ti, notar tu calor corporal, tu calidez y relajarnos.
Dibujar en la piel patrones aleatorios mientras acompasamos las respiraciones, con nuestras cabezas pegadas y la vista perdida en el humo ascendente del incienso. Respirar.
Hablar en bajito, contarnos anécdotas graciosas para romper el hielo y que todo fluya. Cambiarme de posición con mi cabeza apoyada en tus muslos y tu mano acercándose con un peta compartido. Empezar a hablar de sueños, miedos y deseos, de qué nos ha pasado, cómo hemos llegado a donde estamos y cómo nos sentimos. Reír y llorar de ser necesario. Frutas en trocitos y té para acompañar.
Quedarnos dormid_s.
Despertarnos por el calor, quitarnos ropa para estar a gusto y hacernos otro peta. Poner algo en la tele, de fondo, como para notar que no estamos sol_s. Y pensar en cocinar: patatas fritas con huevos fritos suena demasiado bien. Comer en silencio.
Fregar los platos, hablar de sexo y why not? Dejarnos llevar.
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