El sexo ha sido mi vía de escape cuando me encontraba de bajón, mi forma de autolesionarme cuando cortarme no era una opción o quería hacerme más daño. Ha sido una forma de perder el control, de dejarme morir, de ponerme en manos de desconocidos como una muñeca sin apetencias ni deseos; sin "noes" ni palabras de seguridad.
Era mi manera de castigarme, de mostrarme cuanto me odiaba y de quitarle el poco valor que pudiese quedarle a mi vida.
Era mi manera de castigarme, de mostrarme cuanto me odiaba y de quitarle el poco valor que pudiese quedarle a mi vida.
He mantenido más relaciones sexuales que la media de personas de mi edad, he tenido más parejas sexuales también y he realizado prácticas poco convencionales de manera habitual.
Yo era la típica niña de 12-14-16 años desarrollada, que aparentaba ser mayor o casi mayor de edad y que asentía a todo:
-Hombre mayor, olía muy mal, me invitaba a un porro si follaba con él. Dolía, me odiaba por no irme pero ansiaba sentirme mal. Había muchos señores mayores que querían tocar a una niña, decirle que ya era una mujer, que los tocase. Todo flácido, maloliente y asqueroso.
-Hombre que quería acostarse con alguien de la edad de su hija. Follaba y me dolía, me tensaba y siempre dolía. Me acariciaba y daba besos, quería vomitar pero no me iba. Me recordaban a mi padre, sentía como si lo estuviese recreando... Conocí a muchos hombres como este, señores que me veían inocente y pura, que preferían hacerme daño a mí que a sus hijas. Demasiadas veces. Demasiados hombres oliendo a espuma de afeitar, tabaco y vino. Con barbas, bigotes y corbatas.
-Me decía que si me dejaba atar y pegar me daría mimos, que si era capaz de aguantar sus embestidas sin gritar me daría un premio, que estaría muy orgulloso de mí y me querría. Me ataba y pegaba, no había mimos. Me ofrecía un porro para que dejase de llorar, para que dejase de ser una niña moqueando e integrase que "o follas conmigo duro o te largas". O me daba una pastilla, o un chupito y así me relajaba y entraba todo más fácil. Todo era más sencillo con alcohol.
-Eran dos. Me daban miedo pero ahí estaba, en una habitación sucia con un colchón lleno de manchas y cocaína decorando la mesa. Fue la primera vez que probé, no la única. Luego tuve que compensarlos. Dolía, nunca estaba mojada pero eso era igual. Tenía tantísimo miedo que lloraba y eso les gustaba, pero no decía que no, nunca lo decía.
-Un piso oscuro, viejo, con mucho polvo y sin muebles. Hombres, todos drogadictos, se sentaban en cartones a ver cómo nos movíamos, cómo nos tocábamos y si lo hacíamos bien podíamos volver, nos daban mierda inyectable como premio. Éramos un juguete. Teníamos que hacerlos felices mientras ellos se "iban de viaje"... De ahí huí rápido.
Yo era la típica niña de 12-14-16 años desarrollada, que aparentaba ser mayor o casi mayor de edad y que asentía a todo:
-Hombre mayor, olía muy mal, me invitaba a un porro si follaba con él. Dolía, me odiaba por no irme pero ansiaba sentirme mal. Había muchos señores mayores que querían tocar a una niña, decirle que ya era una mujer, que los tocase. Todo flácido, maloliente y asqueroso.
-Hombre que quería acostarse con alguien de la edad de su hija. Follaba y me dolía, me tensaba y siempre dolía. Me acariciaba y daba besos, quería vomitar pero no me iba. Me recordaban a mi padre, sentía como si lo estuviese recreando... Conocí a muchos hombres como este, señores que me veían inocente y pura, que preferían hacerme daño a mí que a sus hijas. Demasiadas veces. Demasiados hombres oliendo a espuma de afeitar, tabaco y vino. Con barbas, bigotes y corbatas.
-Me decía que si me dejaba atar y pegar me daría mimos, que si era capaz de aguantar sus embestidas sin gritar me daría un premio, que estaría muy orgulloso de mí y me querría. Me ataba y pegaba, no había mimos. Me ofrecía un porro para que dejase de llorar, para que dejase de ser una niña moqueando e integrase que "o follas conmigo duro o te largas". O me daba una pastilla, o un chupito y así me relajaba y entraba todo más fácil. Todo era más sencillo con alcohol.
-Eran dos. Me daban miedo pero ahí estaba, en una habitación sucia con un colchón lleno de manchas y cocaína decorando la mesa. Fue la primera vez que probé, no la única. Luego tuve que compensarlos. Dolía, nunca estaba mojada pero eso era igual. Tenía tantísimo miedo que lloraba y eso les gustaba, pero no decía que no, nunca lo decía.
-Un piso oscuro, viejo, con mucho polvo y sin muebles. Hombres, todos drogadictos, se sentaban en cartones a ver cómo nos movíamos, cómo nos tocábamos y si lo hacíamos bien podíamos volver, nos daban mierda inyectable como premio. Éramos un juguete. Teníamos que hacerlos felices mientras ellos se "iban de viaje"... De ahí huí rápido.
Follar siempre dolía, no sólo físicamente -que también y mucho- sino mentalmente; cansaba. Era incapaz de separar y se convirtió en mi forma de castigo habitual. Cualquier muestra de afecto lastimaba, que me tocasen o dijesen cosas buenas me hundía, me hacía sentir en deuda... Empecé a integrar que el sexo lo pagaba todo, incluso el cariño. Sobre todo el cariño.
Yo buscaba poder controlar quién y cuándo me haría sentir tan mal como me sentía al recordar las experiencias con 4...6...9 años, quería que él dejase de tener el control sobre mis sentimientos. Y al final perdí totalmente el control de todo. Me vi envuelta en una espiral de sexo doloroso, drogas, vaginismo, violaciones y abuso sexual sin que pudiese hacer nada para pararlo... así mucho tiempo.
Hasta hace relativamente poco no he sido capaz de verlo como una actividad lúdica, segura y consensuada. Y aún hay días... Días en los que me siento sucia, en los que tengo que lavarme varias veces, que no dejo que me toquen si no estoy limpia... Días en los que ni aún así lo hago bien.
Hasta hace relativamente poco no he sido capaz de verlo como una actividad lúdica, segura y consensuada. Y aún hay días... Días en los que me siento sucia, en los que tengo que lavarme varias veces, que no dejo que me toquen si no estoy limpia... Días en los que ni aún así lo hago bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario