Viví una doble vida de manera continuada durante gran parte de mi adolescencia: estudiante modelo que estaba en el Consejo Escolar, delegada de clase para algo más que bajar a por tizas; nieta ejemplar, que cocinaba postres los fines de semana y leía mucho. Niña que se cortaba, que se acostaba con desconocidos y se drogaba por sentir algo, que lloraba todas las noches en silencio e intentaba matarse pero le daba miedo. Nadie nunca notó nada, nadie.
A veces -muchas- me gustaría tener un interruptor que accionar para borrar los recuerdos que me inundan sin avisar, que se pasean por mí mente como si fuese suya -que lo es- opacándolo todo, quitando cualquier adorno que pudiese haber colocado y llenándolo todo de una tristeza abismal.
Ojalá poder olvidar, ojalá no volver a tener 5 años y estar sentada en bragas en una sala sucia, llena de botellas verdes de vino -vacías-, en una manta llena de manchas en el suelo, con una televisión delante en donde una mujer se la chupa a un hombre, mientras dos hombres mayores me miran. Ojalá no sentir el frío, ni el olor a humedad, alcohol y sudor, ojalá que esas manos arrugadas, frías y pegajosas no me bajasen las bragas y me abriesen las piernas. No sentir ese bigote rozándome los muslos, ni esa lengua áspera recorriendo mi entrepierna, ni esos dedos metiéndose en mí haciéndome tanto daño.
Me hago pis y se enfadan tanto: me tiran del pelo, me escupen y me llaman puta, aprietan mi cara contra la manta mojada y los insultos no cesan... ¡me hago tan pequeña de pronto!
Ojalá no saborear mis lágrimas de nuevo, ni notar dos manos más uniéndose a las primeras, ni sentir dos penes hediondos rozándome mientras me instan a cogerlos con mis manos, a moverlas, a sacar la lengua y lamerlos como si fuese un helado. Ojalá no sentir que me sujetan por detrás, me tapan la boca con una mano y un grito sordo lo inunda todo; no sentir de nuevo ese dolor llegando a cada célula de mi cuerpo, mientras se mueven y me mueven, mientras lloro y me quedo quieta sin comprender nada.
Me hago pis de nuevo.
Ojalá olvidar que lo único que pensaba durante esos episodios era si a otras niñas sus papás también las querían así.
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