jueves, 26 de diciembre de 2013

CON NOVIO Y ESAS COSAS

"Mis primeros pasos en el mundo de los noviazgos". Este podría ser perfectamente el título de alguna novela rosa dirigida a adolescentes con problemas para controlar sus hormonas, o de algún libro de autoayuda para solteros impacientes e inconformistas; pero no, será el título que reciba esta entrada, en la que contaré cómo fue que pasó lo imposible, cómo consiguieron las ranas tener pelo. (Descrito así incluso parece interesante ¿verdad?
Todo comenzó un día de verano de hace ya algunos años, cuando una maldita mosca me despertó de mi plácida siesta de media tarde y un olor a bizcocho recién hecho consiguió levantarme... (Ya os gustaría que siguiese así ¿eh?, pues no...) La verdad, nada tenía ese día de caluroso, ni fue algo tan tópico.
En realidad empezó la cosa con un simple tonteo en la fiesta de cumpleaños de una de mis mejores amigas, con un:
-¿Cómo que tienes whatssap en esa cosa? Dime tu número y lo compruebo.
-Claro: 650******, verás que sí.
(Hasta aquí parece el típico argumento de una película romántica, lo sé, pero es lo que hay).
De postre nos deleitamos con nuestro similar gusto musical, arruinandole la comida al resto de comensales y ampliando mi soso bagaje musical. Más tarde, concluyendo la celebración, nos fuimos a bailar; no sin antes tener que oír los comentarios y chismes de mis queridas amigas sobre como nos "entramos"... (En el fondo las quiero).
Con las luces del alba el quinto día mira al este... Bueno, aquí los chupitos ya hacían efecto y notaba los minutos como horas; entonces, los dos muy aburridos nos apoyamos en la pared hablando y pasó, "me miró, lo miré, nos miramos y unimos nuestras almas a través de los labios templados de caricias....." y ¡bla, bla, bla! ¿Qué queríais que pasará? Pues como buenos adolescentes que somos nos dejamos llevar, como tantas otras veces, por el placer del momento.
Esto lo repetimos unas cuantas noches más, pero cada vez había más confianza, a lo que ayudaba que hablásemos por whatssap, skype, en persona...
Pasamos un fin de semana único, en el que perdí algunos miedos con su ayuda, conseguí hacer cosas que nunca había logrado completar gracias a sus "tranquila" "todo está aquí" y pude Sentir por primera vez. Me ayudó, y no sabe bien cuanto, con mi no sentir (y pensar que estuve a nada de mandarlo a paseo...).
Y aquí estamos los dos, uno escarmentado de sus anteriores relaciones y otro con fobia a los compromisos serios, dos meses después y aún sin dar crédito a todo lo que ha pasado y a lo rápido que ha ido todo.
Pero es lo que dicen, las mujeres tenemos un sexto sentido y el mío me dice que estoy en el lugar idóneo con la persona adecuada. Porque además, ¿qué más le puedo pedir a mi pareja que que sea capaz de aportarme tranquilidad y lograr que me relaje en su presencia? Lo sé, esto queda muy filosófico y romántico (tal cual yo), pero no se explicarlo de otra manera; no es nada que haya sentido antes, no es el miedo, ni la ansiedad ni el rechazo, ni siquiera el asco y el dolor que me producían los de su sexo, sino otra cosa, totalmente diferente, pero que me gusta, demasiado. (Sí, sí, ya se que digo que nunca nada es demasiado, pero aquí era oportuno ponerlo).
Y ahora tocaría poner:  "y vivieron felices y comieron perdices" pero como todos sabemos, estos finales pertenecen  a cuentos sexistas de los que no me gusta hacer apología, así que, un "de momento es todo" será suficiente por hoy.

1 comentario:

Unknown dijo...

Y yo pensando que aun existia la intimidad. Que pasada!!!!!