jueves, 29 de noviembre de 2018

PERDER EL CONTROL

Había decidido no hacerme más lesiones, no volver a usar el dolor físico para calmar sensaciones, apreciaciones y sentimientos, ni ver las drogas como una "necesidad" y no como algo lúdico y recreativo.
Me había prometido no volver a caer en esa espiral de autodestrucción que casi me mata, pero es tan dulce y cálida, tan blanda, sencilla...tan para no pensar.
Hacía muchos meses que no notaba las pequeñas lágrimas rojas recorrer mi blanca piel, pegarse y mancharlo todo, picar y hacerse notar ahí, por horas. Hacía tanto tiempo y fue tan sin pensar que no supe cómo reaccionar y me asusté. Temí haber perdido el control de mi cuerpo, de mis acciones y lloré. Lloré mares pero no me quedé dormida después, supongo que era mi castigo, que la parte racional de mi cerebro me estaba echando la bronca de ese modo.
Pero volví a hacerlo, y otra vez, y otra... Es una sensación tan placentera.
Ver como ríos de sangre recorren tu piel, manchándola, haciéndote ver sucia por fuera también;  es justo en ese momento cuando más fiel es tu físico a quien eres por dentro.
Se que no es correcto lo que hago, que son adictivas las sensaciones que produce, que querré más y más y me costará ponerle fin, pero también se que o me libero de alguna manera o explotaré. Soy como una olla a presión que está sobre un fuego a máxima potencia y con la válvula atascada.

Necesito perder el control, perderlo de forma segura, perderlo siendo vigilada...perderlo de mentira.
Pero perderlo para no perderle el miedo.
Necesito sentir dolor, sentirme protegida, tener miedo pero sentirme querida al tiempo; necesito cosas que no encuentro y mientras, lo parcheo jugando a la ruleta rusa con mi autocontrol.






No hay comentarios: