jueves, 6 de diciembre de 2018

VISIONES

Conozco a gente que va por ahí y se nota, la ves venir y te alegras, sientes paz en su presencia y puedes mantener conversaciones agradables o silencios cómodos sin problema; gente que es bonita ya no sólo físicamente, que también, sino de acciones, a la que confiaría lo más preciado para mí -Chispa-. Gente a la que puedo pedir un abrazo o un consejo y me fío de su palabra, que intenta estar ahí siempre... Que me doy cuenta de porqué la quieren, que es obvio, pero a la que no puedo creer cuando me dicen cómo me ven.

Estoy en ese punto en el que no integro la palabra de un amigo respecto a mí, a mi valía y cualidades positivas, que no soy capaz de visualizar esos atributos en mí. No veo reacciones positivas a mis actos, que mis intentos por ser y estar mejor lleven a buen puerto -en realidad no veo que lleven a nada- y me frustro. Mi realidad choca con la de la gente que me rodea, nuestras visiones son diametralmente opuestas y no hay nexo de unión. Y me siento perdida.
No sé cuándo me dicen algo por ser amigos y que no me sienta mal o lo hacen creyéndoselo, cuando no es sólo una manera -su manera- de intentar mantenerme tranquila y contenta... Porque veo contradicciones entre lo que dicen y hacen, sus palabras y sus gestos no siempre casan y eso me descoloca.
Llegados a este punto mi autoestima es inexistente. No me gusto, no me siento cómoda con mi cuerpo ni con mi forma de ser; estoy cansada de mis cambios de humor, de ideas, de planteamientos y pensamientos. Me siento perdida y no tengo muy claro a qué aferrarme ni porqué debería siquiera sujetarme a algo.

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